Inicio Nacionales y Mundo Cumbre en clave de B: Biden, Brasil, Bolsonaro, Bochorno

Cumbre en clave de B: Biden, Brasil, Bolsonaro, Bochorno

No se conocían, y casi se desconocían. Se vieron cara a cara por primera vez en Los Ángeles, en la Cumbre de las Américas, y se reconocieron. Uno preside en el Norte el cuarto país más grande del mundo, y tercero por su población; el otro, en el Sur, el quinto país por sus habitantes y sus kilómetros. Uno está al frente de la mayor economía mundial y el otro de la mayor de las latinoamericanas. Los dos son católicos, los dos presiden un Estado federal, los dos ganaron las elecciones gracias a un voto repudio, los dos son conservadores (aunque sólo el brasileño lo puede hacer valer). Uno perdió un hijo militar de resultas de la guerra de Irak, el otro es un capitán del Ejército. Los dos son antiguos legisladores de carrera, hábiles para la negociación en el Congreso. Los dos respiran a pleno pulmón el aire un tanto enrarecido que es la atmósfera de dos ciudades monumentales. Capitales de los Estados Unidos de América y de la República Federativa de Brasil, Washington y Brasilia son centros urbanos especializados en alojar a los poderes del Estado y a su personal político y administrativo y que sin el tubo de oxígeno del presupuesto nacional, que les asegura su respiración artificial, no sobrevivirían.

Para el gusto de Joe Biden, Cuba, Nicaragua y Venezuela son inconvenientes autocracias, para Jair Messias Bolsonaro, son autocracias convenientes como fábula con moraleja en un año electoral: si en octubre votan en las presidenciales a Lula en vez de reelegirlo a él, ese será el destino terrible que tocará a Brasil. Los dos gobernantes detestan el comunismo y deploran la pobreza de esas tres naciones. Por los dos son de origen familiar pobre, o de economía estrecha, y tienen códigos: respetan el petróleo, por más bolivariano que sea, como respetaban a los ricos del barrio. Ningún respeto, en cambio, les merece la miseria, esa penuria que induce al mayor mal y el mayor peligro (electoral, para Biden), migrar. Las migraciones incontroladas de la América central e insular que chocan contra la frontera sur de EEUU, sin la guerra en Ucrania y el nuevo sistema de equidistancias que obliga a intentar establecer, habría sido tema y problema exclusivo (para Biden) de esta Cumbre, la primera celebrada en suelo norteamericano desde 1994.

Biden y Bolsonaro son los dos de origen social pobre, o de familias con economías estrechas, y tienen códigos: respetan el petróleo venezolano, por más bolivariano que sea, como respetaban a los ricos del barrio.

Cuando Joe Biden llegó a la presidencia en enero de 2021, los medios norteamericanos, sus ecos latinoamericanos, y desde luego la Casa Blanca, y antes la campaña demócrata, repitieron una y otra vez, sin jamás hartarse, y, más logradamente, sin jamás hartar, el número 16, el de los viajes que Biden había hecho a América Latina, en su mayoría como vicepresidente y promotor durante dos períodos de la política amistosa de Barack Obama. En su primer día en el Salón Oval, Biden ya era el presidente norteamaricano que más había frecuentado la vecindad del proverbial patio de atrás. Derivar de esos vuelos regulares saber y sagacidad era una infererencia inválida desde el punto de vista de la lógica. Un predecesor de Biden en Washington había sido también un vice promovido desde la lataralidad, de estar al costado de un presidente demócrata mayorHarry Truman había sido, como Biden, ‘ascendido’ desde la v predecesor en Washington del presidente demócrata había otro vice ‘ascendido’, promovido desde la lateralidad la sombra de un demócrata mayor, FD Roosevelt. Harry Truman era un camisero del interior que jamás había salido de EEUU (sólo había estado, como soldado, en Francia en la Primera Guerra Mundial), pero demostró saber cómo negociar todos los frentes de la Guerra Fría y articular el Plan Marshall sin entrar en guerra con la URSS en las fronteras euroasiáticas, las que ahora han superado el centenar de días de conflicto, que amenaza hambrear a África, al sancionar el comercio del trigo ruso y ucraniano, bloqueado el Mar Negro.

La guerra sigue, y seguirá, porque Biden ha hecho lo que Truman nunca hizo con Stalin o Franco, más merecedores de tales a: lo acusó de dictador, genocida, autor de crímenes contra la humanidad. Una expresión que nació cuando las atrocidades otomanas y la masacre de los armenios en Turquía: los rusos los llamaban ‘crímenes contra la cristiandad’, los aliados franco británicos no querían enemistarse con el Islam, y acuñaron la nueva fórmula, humanista, humanitaria. Con un dictador, no se negocia, y llamados dictadores las autoridades de La Habana, Managua y La Habana, no hay foto posible en Los Ángeles.

Las musas en Los Ángeles

El demócrata Biden, defensor del sufragio, las mujeres, el aborto, la libertad de prensa, encuentra ahora en Arabia Saudita una monarquía que vale la pena visitar; Bolsonaro encontró en Rusia una Federación que valió la pena visitar, y rindió homenaje en Moscú a la tumba de los soldados del Ejército Rojo. Los dos son menos rígidos en sus conductas de lo que resuenan en sus declamaciones.

En la radio pública norteamericana, comenzaron sardónicamente el podcast político diario sobre la Cumbre de las Américas con una macrcha nupcial. Biden, el viajado presidente, perdió credibilidad por no haber entendido la importancia capital que en América Latina tienen las listas de invitados a las bodas. Si no invitan a todos, no voy yo, como es obvio, avisó, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador, que no traiciona nunca, él, ciertos principios, o tradiciones nacionales. Mandó a su ministro de Exteriores, con “un abrazo”, buenas noches y buena suerte, para Biden. Lo que es peor, para la Casa Blanca, arrastró las deserciones de los presidentes de Guatemala, Honduras y El Salvador, que eran interlocutores clave para tratar el tema de la migración.

Jair Messias Bolsonaro se felicitó de haber concurrido a la Cumbre del enemgo de su amigo el republicano Donald Trump, con quien rutinariamente lo comparan. Y Biden lo felicitó por haber concurrido. El demócrata campeón de la ecología y de la epidemiología -dos bastiones de la doctrina centroizquierdista, embanderada en la ciencia contra el oscurantismo y la ignorancia- lo felicitó al brasileño por su empeño en el Amazonas, le evitó reproches por la gestión de la crisis sanitaria, y consagró a Brasil como democraciá espléndida. Según daba prueba suficiente su sola asistencia a la Cumbre que reunía al club de las que plenamente lo son. Por ello mismo, el proceder y las palabras que la oposición argentina reprocha a su presidente, aun si fueran desubicadas e injustas, no son autolesivas. No habrá ingratitud de la administración demócrata que enfrenta elecciones legislativas en noviembre, si el único nombre propio pronunciado, con desfavor, fue ‘Trump’. Pero sobre todo, porque cualquier daño se esfuma ante el solo hecho que cuenta para la Secretaría de Estado. Que en la foto losangelina está Alberto Fernández, no Santiago Cafiero.

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