
“¡Qué impecablemente vestidos los dos caballeros!” El dúo de aspirantes a dueños del poder brasileño había llegado bien trajeado para su primer duelo televisado anterior antes de balotaje. Respetuoso homenaje a la investidura del Poder Ejecutivo, sin duda. Uno de los dos será quien el 1° de enero jure en Brasilia para inaugurar su próximo período presidencial. Inesperada, sorpresiva, para el octogenario antropólogo Roberto DeMatta que exclamaba su asombro y su reconocimiento del perfecto decoro observado, era la extremosidad del atildamiento. Con una armonía que no puede llamarse preestablecida, los dos rivales daban prueba -una misma, pareja, simétrica prueba- de estar a la altura de las circunstancias y de sus ambiciones. Como ya habían estado, porque uno y otro ya habían sido presidentes gracias a segundas vueltas victoriosas.
Las diferencias sin embargo existían, pero eran separativas, no competitivas. Marcaba que a los contrincantes, dos self-mad-men socialmente ascendidos en las carreras políticas en las que supieron abrir camino para sus talentos, no los opone la polarización, sino un conjunto de heterogeneidades arduo de organizar, que dificulta la comparación y facilita identificaciones o repudios sin más examen. Saco de mejor corte, gris oscuro, camisa blanca de algodón de alta calidad y trama, abotonada hasta el cuello, corbata de seda con diseño original pero sobrio de tres colores (obligatorios, verde y amarillo) profesionalmente anudada: el más elegante era Luiz Inácio Lula da Silva. Lucía como obrero endomingado. O menos genéricamente, más distinguidamente, como un sindicalista endomingado. Un aliño equivalente le había valido ironías e impaciencias a Evo Morales cuando hacía visitas oficiales en Europa abrigado con una chompa boliviana limpia y abrigada, pero desentendida de cualquier etno-chic. Superioridad, en este caso, más específicamente clasista que racista, la de sus anfitriones.
El ex capitán y ex paracaidista del Ejército Jair Messias Bolsonaro vestía muy correctas ropas civiles. De menor calidad, y precio. Traje azul naval marino oscuro, de camisa celeste (de algodón, pero no ciento por ciento algodón), corbata de color chato, plano, verde esmeralda asordinado, de ancho medio, nueva, o sin mucho uso. Uno y otro evitaban religiosamente el rojo (que Lula exhibió en la corbata bermellón sin mezcla del debate del viernes 28 anterior al último domingo de octubre del voto definitivo.
El buen trato de los dos varones, los dos hombres que llegaron a la élite política del país sin haber sido frenados por las corporaciones neofeudales de las
