sábado, diciembre 4, 2021
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De The Office a Ted Lasso, las series dejan la ironía para entrar en la era de la sinceridad

Si hace unos años shows como The Office o Arrested Development hicieron del sarcasmo su exitosa marca registrada, o dramones seriales desde Mad Men a Breaking Bad cautivaron críticos y audiencias por igual con sus personajes antiheroicos, hoy una nueva tendencia narrativa hacia shows más sinceros, directos y menos oscuros se abre paso en la tierra arrasada que parece haber dejado la pandemia en Hollywood. Un poco reflejando los cambios en el consumo, ya sea en términos de ciclos estéticos y tendencias narrativas (cansancio con las historias del antihéroe o las comedias demasiado ácidas), como con un momento cultural que pide personajes y líneas argumentales más digeribles para el público, algunos de los nuevos shows invitan a una mirada más benévola sobre los personajes.

Por otro lado, el recurso de la ironía, ya muy ubicuo en redes y memes, o incluso el llamado “consumo irónico” -algo de especial resonancia en nuestro país a raíz de las últimas elecciones-, parece estar agotándose y también generando incomodidad. Hasta qué punto el coqueteo con lo políticamente incorrecto opera como un factor de inflexión/reflexión, o directamente como un tiro por la culata, se preguntan cada vez más críticos y creadores. “Creo que lo “políticamente incorrecto” es divertido hasta que se presenta en forma de antivacunas, de juventud derechizada, etc. Y ahí deja de causar gracia. Algo que noto es que muchas series abandonaron la dinámica de malo/bueno, y ahora los conflictos no son tan sencillos, no hay un personaje que amás y otro que odiás. Hay distintas circunstancias que generan conflicto pero que te permiten empatizar con más de un personaje a la vez, incluso aunque sean contrapuestos”, dispara Clara Loustaunau, creadora de contenido en VIACOM y periodista.

¿Podría David Brent (el protagonista de The Office) ser contratado hoy?, se preguntaba el periodista y crítico de televisión estadounidense James Poniewozik hace poco en una interesante editorial del New York Times. La respuesta de éste como del propio Ricky Gervais (creador de la serie que luego tendría su versión norteamericana), es que hoy sería “cancelado”. Y es que más allá de la ironía característica del propio Gervais, quien también sido cancelado en las redes por su humor irreverente numerosas veces, la pregunta es válida para pensar el agotamiento de un recurso que se consolidó gracias a series como The Office, el viraje en las preferencias del público y hacia dónde evolucionarán los contenidos a futuro.

Según Poniewozik, Brent estaría fuera de moda si miramos los protagonistas de series recientes, pasando por Ted Lasso, a la familia de Schitt’s Creek (la serie canadiense que se volvió hit en cuarentena) y otros protagonistas contemporáneos. “En las comedias de TV ambiciosas, y también en los dramas, el arco narrativo de los últimos 20 años fue de atrevido y dispuesto a tomar riesgos a inofensivo”, argumenta el crítico. “Es fundamentalmente un giro, a grandes rasgos, de la ironía a la sinceridad. Pero cuando me refiero a ironía acá, no hablo de la ecuación popular que remite al cinismo o al sarcasmo. Me refiero al modo irónico de narración en donde el show “piensa” diferente de lo que piensa su protagonista. Antes las historias más distintivas tenían algo oscuro o apático, hoy son más sobrias y directas”. 

Después de todo, luego de casi dos años de pandemia el público parece estar necesitando otra clase de entretenimiento, énfasis en entretenimiento, aunque esto no significa que se trate de series con personajes sólo “buenos” o en donde los conflictos se toquen de forma superficial. Sea el nuevo hit de Apple TV Ted Lasso -ganadora en los Emmys 2021- a éxitos para toda la familia como Never Have I Ever o Better Things, o shows para adolescentes como Sex Education o Pen15, solo por citar algunos ejemplos, cada vez más creadores parecen orientar sus “energías creativas” hacia otros lugares percibiendo los cambios culturales y de consumo en las audiencias.

Inclusive el propio Gervais parece ablandarse un poco con su nueva serie After Life, sobre un marido lidiando con la muerte de su esposa; y series afiladas y caracterizadas por un humor que siempre bordeó lo políticamente correcto como Dear White People, acerca de un grupo de estudiantes afroamericanos en una universidad de EEUU, desconciertan con una cuarta y final temporada en formato de musical para consentir a los fans. “De qué otra forma se podría representar a la clase de graduados del 2021? Al menos hay alguna canción pegadiza”, dicen sobre esta serie, ante el estrés, la desmotivación y la incertidumbre de salir al mercado laboral en estas condiciones. 

Creo que con la pandemia el consumo on demand fue nuestro mayor acompañante y teniendo tantas malas noticias y hartazgo rodeandonos un poco nos refugiamos en consumos culturales que nos devolvieran la fe en el mundo. Incluso si te ponés a pensar la TV de aire tuvo récord de audiencia. Y si bien el encierro fue lo que lo generó, creo que no es casualidad que hayan tomado relevancia formatos que no están cargados de conflicto, peleas, etc. Como fue el caso de Bake Off el año pasado”, contextualiza Loustaunau en relación a las expectativas en los consumos post-pandemia. 

“No me parece menor esto de que sea una serie linda, una serie con la que uno la pasa bien, claramente tiene que ver con los tiempos en los que vivimos. En lo personal no me estoy bancando demasiados dramones, tiene que ser algo muy alejado de la realidad, cosas de época o que sucedan en países alejadísimos, tipo Islandia, policiales, series sobre la segunda guerra mundial, etc. Y si veo cosas contemporáneas necesito que sean entre comillas livianas, pero no por eso no profundas. Si bien no es una serie irónica y canchera, sí hay un humor particular: no es una comedia de gags, no es una sitcom, hay una línea muy sutil distinta al humor clásico tipo The Nanny o Modern Family. Además de que todos los personajes son complejos, con virtudes y miserias, y eso me parece lo lindo y lo humano”, aporta por su lado la escritora y periodista Tali Goldman sobre Ted Lasso.

El fenómeno Ted Lasso: nuevo regente estético y favorito del público

Hasta qué punto la serie protagonizada por Jason Sudeikis sobre un cándido entrenador de fútbol americano que es contratado para dirigir un equipo de fútbol inglés habrá sido una revelación poniendo en el mapa a Apple, que según The Wrap, el show “disparó una sed por contenidos positivos y reconfortantes”. En este sentido los programas más oscuros suelen tener más dificultades consiguiendo financiamiento, situación que ha empeorado con la pandemia cuando las audiencias piden un poco más de contenido escapista. Y si bien Ted Lasso no es el único show con estas características, y se explica que el comienzo de esta tendencia se da mucho antes del Covid con la elección de Donald Trump en 2016, sin dudas la comedia se convirtió en el caso exitoso que todos los escritores y productores intentan emular. 

Por supuesto que existen algunas excepciones a esta tendencia dominante, como la serie Succession de HBO, aún si los críticos no pueden ponerse de acuerdo respecto de si es drama o comedia negra. También se pueden nombrar shows hiper dramáticos del año pasado como May I Destroy You, o con mucha relación con la coyuntura actual como The Morning Show (centrada en escándalos post #MeToo en la industria de los medios). Pero todo indicaría que la apuesta creativa va por otro lado, e inclusive estos tres shows han tenido críticas y ratings muy diferentes. Sacando series tipo thriller o policiales, género que se mantiene más o menos siempre a flote en las preferencias de la audiencia así como el terror, precisamente por el componente ficcional más fantástico que real, los consumos se orientan hoy hacia el denominado comfort food TV o televisión confort.

Mucha discusión hay detrás de lo que se considera o no este tipo de entretenimiento, pero digamos que en rasgos generales son programas que nos hacen sentir bien sin demandarnos demasiado. La búsqueda de familiaridad y hasta la evocación de cierta nostalgia generó lo que fue el fenómeno de consumo más llamativo en pandemia: el rewatch de series clásicas. Esto hizo que shows como Friends, Seinfeld, la mencionada The Office y The Sopranos (que tuvo un 122% de aumento en las vistas en el Reino Unido y un 200% en EEUU) fueran de lo más consumido el 2020 según Nielsen; y que plataformas como Netflix, Amazon y cía. paguen arreglos millonarios por tener estos programas en su catálogo.

“La serie llegó en el mejor/peor momento del 2020. Una bocanada de aire fresco en el año en que la pandemia se nos hizo carne. Una serie super equilibrada entre la comedia y el drama, pero no el drama exacerbado, sino el drama de la vida cotidiana y que permite que podamos identificarnos con los personajes de forma un poco más genuina. Y por último, y creo lo más importante, una serie que nos hace reflexionar si vale la pena vivir tan enojado con el mundo todo el tiempo, si no es más fácil ser un poco más amable con el que tenemos al lado y con nosotros mismos. No es poco en una época en la que parece que el cinismo y el desdén nos rodean 24/7”, explica Victoria Lo Pardo, comunicadora y especialista en series (@vickytedije).

Pero volviendo a Lasso, la diferencia entre este show y otros cutecoms (shows que solo buscan hacerte sonreir y priorizan esto antes que conflictos en la trama o entre los personajes) como Brooklyn Nine-Nine, es que en varios de estos productos sí hay suficientes conflictos y evolución de personajes, y su trama avanza antes que estancarse en puros gags.

Otro factor de atractivo en Ted Lasso tiene que ver con lo que varias comedias corales comenzaron a proponer en sus historias alrededor del 2010, desde Parks and Recreation y The Good Place hasta la actual Sex Education, en las que un conjunto de personajes diversos y en muchos casos que jamás imaginaríamos trabajando juntos, se unen para lograr un cambio sustancial en su entorno. Ya sea que hablemos de un grupo de inadaptados que son reunidos en el más allá por error burocrático, ciudadanos y autoridades de una pequeña ciudad, o en el caso de Lasso, los jugadores del AFC Richmond y otros personajes del entorno del club.

Es así que no sorprende que el co-creador de Lasso junto con Sudeikis sea nada menos que ​​Bill Lawrence, responsable de otras series como la icónica Spin City (vehículo para un Michael J. Fox joven allá por 1996) y Scrubs, en donde abundan esta clase de personajes imperfectos pero con aspiraciones -y potencial- para la nobleza, que generaban lazos y alianzas con otros, y con una mirada de fondo sobre la humanidad esencialmente optimista. 

Cómo Internet está moldeando la narrativa actual

Pese a la diferencia en la narrativa o matices en el humor, podría decirse que tanto Lasso como The Office predican acerca de la importancia de la empatía y hasta la bondad como valor intrínseco. Entonces, ¿a qué se debe que los creadores, desde Gervais a otros, estén suavizando sus estilos o tendiendo a lo sentimental ahora? La respuesta según Poniewozik radica en lo más ostensible, como determinados signos de época, a los nuevos lenguajes y códigos que establece Internet. 

El hilo común en el drama del antihéroe y en la comedia ácida era la asunción de que las audiencias podían y debían distinguir entre la voz interna del protagonista y la mirada del autor -todas esas series con narradores opinando sobre los personajes centrales de forma crítica. Allí se apelaba a cierta disonancia capitalizando tanto la fascinación como la repulsión en el espectador: un doble sentimiento que nos permitiera simpatizar con Tony Soprano o reírnos con neuróticos insufribles como Larry David (Curb Your Enthusiasm) o incluso Louis C.K., al tiempo que sabemos todo lo que no está bien de todos ellos.

Es aquí cuando Poniewozik sugiere que espacios como Twitter donde se promueve el fanatismo apasionado y el juzgamiento sin muchas vueltas -cuando no la cancelación-, arrasó con esta retórica que muchos creadores popularizaron a comienzos de los 2000, herederos como fueron de la Generación X que a finales de los 80s impulsó shows icónicos como Seinfield. Al propio Seinfeld se lo puede leer quejándose de la corrección política de los Millennials, que ya no se ríen de sus bromas. Pero lo que quizás tanto él como Gervais no entiendan, es que hoy se trata menos de estándares morales como de modas y corrientes estéticas, así como de la saturación con recursos (el sarcasmo, el humor políticamente incorrecto) que a través de las redes se han resignificado una y otra vez hasta perder su filo crítico o singularidad.

Al final del día los dramas seriales multipremiados o las comedias ácidas con las que muchos crecimos, también desarrollaron sus propios clichés. ¿Será que ahora toca explorar otras vertientes y matices narrativos y humorísticos? O como proponen algunos, “el desafío de que los personajes buenos pueden ser tan interesantes y facetados como los malos”. A su vez, de la mano de distintos movimientos de época finalmente pueden verse personajes y comunidades mucho más diversas en TV, y no en pos de movimientos tokenistas.

Sin embargo, algunos como Loustaunau advierten sobre el peligro de una paulatina edulcoración. “No querría ver que esta tendencia cristalice en que aquello que es socialmente cuestionable directamente se omite. Un poco el debate que se armó en torno a la eliminación de un capítulo de Dragon Ball. Si el resultado es contenidos cada vez menos arriesgados con personajes más cómodos de querer, me parece que va a ser una pérdida para todes. Si es una tendencia más mientras sigue habiendo lugar para relatos más “incómodos”, bienvenida sea”.

Para el caso series recientes como Succession demuestran que la ironía y el disconfort no tiene necesariamente que devenir en nihilismo, y para el caso, Lasso explora la posibilidad narrativa e ideológica de que ser más optimistas y directos no implica achatar los contenidos o subestimar al televidente. Una de cal y una de arena.

LM