Para la gran mayoría de los pobres mortales, Kelly Preston, fallecida el 12 de julio del pasado año a la edad de 57 años, no era más que la mujer de John Travolta (ambos se conocieron en el rodaje de la curiosa comedia ‘Los expertos’) y una alta dama de eso que llaman Cienciología. Todo lo más, la estupenda actriz que, con su talento y sobradas tablas, intentaba alzar artefactos por lo demás bastante anodinos como ‘Entre el amor y el juego’, ‘Dos canguros muy maduros’ o El gurú: una incontrolable tentación’.

También brilló en los repartos de obras más peculiares, algunas de ellas de merecido culto, como ‘El gato’, ‘Jack Frost’, ‘Citizen Ruth’ o ‘Adictos al amor’, aunque en general nunca tuvo demasiada suerte con sus elecciones dentro de los rígidos andamios del séptimo arte.

La inolvidable Kelly Preston

Personalmente yo recuerdo a Kelly Preston, al menos a mi Kelly Preston particular, única e intransferible, por sus fulgurantes papeles en las películas de entretenimiento de los primeros ochenta, como una afortunada parte de los happy few, protohombres y mujercitas, que pasamos de la infancia a la pubertad con el sensual empujoncito de sus apariciones en pantalla, o alquilando sus títulos *ligeramente picantes en los tristemente desaparecidos videoclubes.

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Kelly solía encarnar un arquetipo tan negativo como irresistible: la rubia descaradamente sexual, buscona y superficial que tentaba al prota con un cebo de sexo disfrutón y adolescente, sin coartadas ni condiciones. Así la vimos en la pasable ‘Only you’, ópera prima de Betty Thomas, en la subvalorada ‘Christine‘ de Carpenter/King (frase para el recuerdo: “No tienes nada que perder con esa chica, salvo la virginidad“), en la entretenida ‘Un tigre en la almohada’, en la rescatable ‘Run: perseguido por todos’ a mayor gloria de un todavía geek Patrick Dempsey, en la inmaculada y aventurera ‘S.O.S equipo azul’, y sobre todo, en la valiosa ‘Admiradora secreta’ (David Greenwalt, 1985) y la nostálgica ‘Mischief, travesuras juveniles’ (también 1985) del olvidado Mel Damski, posiblemente sus títulos más meritorios de este periodo.

Luego llegarían ‘Los expertos’ y un nuevo impulso para su carrera con títulos tan comerciales como ‘Los gemelos golpean dos veces’ o ‘Jerry Maguire‘, pero no me resisto a mencionar otras películas, por fetichismo particular, como la brutal ’52: vive o muere’ de John Frankenheimer o su rol como la reportera Kelly Hougue en ‘Abierto hasta el amanecer‘ y ‘Tú asesina que limpiamos la sangre’. Obras que, a pesar de todo, no consiguieron borrar la imagen de la Kelly Preston juvenil, el prototipo de animadora norteamericana que las liaba a base de bien pero jamás se quedaba con el chico que, imbécil de él, siempre prefirió finalmente a la novia aburrida, pavisosa y modosita.

Una actriz de magnetismo único que incluso se atrevería a aparecer en las portadas de los estanterías (concretamente la de ‘Mischief’, también conocida, muy apropiadamente, como ‘Sin vergüenza’) dejándose caer de un auto sin bragas y a lo loco, descubierta en pleno magreo… ay, esas carátulas incrustadas como estrellas ninja en la memoria del eterno teenager. Para entendernos, Preston fue el equivalente eighties y yanqui de la Ester Expósito de ‘Élite‘.

‘El viaje de sus vidas’, un relato intrascendente a ritmo de Blondie

Los años han pasado demasiado rápido, nosotros ya no somos adolescentes calenturientos ni chicas curiosas en edad de experimentar y Kelly Preston estrenó hace nada su última aparición en el cine, ‘El viaje de sus vidas‘. No es una película buena ni mala ni todo lo contrario, puesto que supone, dentro de su condición coral, un vehículo para su lucimiento y un regalo agridulce para fans acérrimos. En un tono de dramedy intrascendente, Jules Williamson narra la historia de tres mujeres maduras que organizan un interrail en honor de su amiga recién fallecida, acompañadas de la hija adolescente de ésta.

Nada como una película que habla de la superación de la pérdida para elevar a Preston a los cielos con sus correspondientes y espumosos altares. El tono es tan plácido como blando: retoma los apuntes de sororidad femenina entre caracteres diversos, casi contrapuestos, ya tratados en películas en sí bastante pobres como ‘Clan Ya-Ya’ o ‘Sólo ellas: los chicos a un lado’, además del difícil pero finalmente posible y deseable entendimiento intergeneracional de ‘Freda y Camilla’ o ‘Tomates verdes fritos’.

El humor es decididamente light y específicamente dirigido a un target que comparta la edad de sus protagonistas: si eres de las personas que te ríes con cosas como que las amigas le dibujen un bigotito nazi a una dependienta antipática, o como se desmadran poniéndose ciegas de cócteles burbujeantes sin perder el maquillaje ni (del todo) la compostura, seguramente pasarás un buen rato con ‘El viaje de sus vidas’.

Por su parte, el lado dramático es superficial y su poso insignificante. Preston se las apaña para destacar por encima de sus otras tres protagonistas, que nunca dejan de hacer un trabajo correcto, incluso entregado, y la historia se abre con una aparición estrella de Judi Dench y sorprende en su recorrido con la intervención anecdótica de un Franco Nero algo distraído.

De la misma forma que la francesa y bastante más pocha ‘Iré donde tu vayas’ (2019) acompañaba el recorrido de sus protagonistas, esta vez hermanas, con canciones de Céline Dion, ‘El viaje de sus vidas’ adorna machaconamente la peripecia de sus antiheroínas con una parte sustancial del repertorio de Blondie. Aunque no seas especialmente fan del grupo de Debbie Harry (quien esto escribe, sí lo es y bien orgulloso que está), no hay color, y resulta imposible que no se te contagie cierto good feeling escuchando entre escena y escena, a modo de pegamento narrativo, temazos como ‘Hear of glass’ o ‘Call me’.

En resumen, la película de Williamson supone un bonito broche para la carrera de una actriz tan icónica como desaprovechada, pero como experiencia cinematográfica resulta tan agradable como insatisfactoria, por insulsa y algo cobarde.

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