Flor de la V cómo reconstruyó la relación con su padre: “Pudimos perdonarnos”

Florencia de la V  sobre su papá: “Cargaba una estructura mental primitiva, había quedado viudo a los veintipico, solo con dos hijos y, uno de ellos, “diferente”” (Foto: Christian Beliera/GENTE)

Florencia de la V  sobre su papá: “Cargaba una estructura mental primitiva, había quedado viudo a los veintipico, solo con dos hijos y, uno de ellos, “diferente”” (Foto: Christian Beliera/GENTE)

Era una adolescente cuando Flor de la V (43) se dio cuenta que en la casa de su papá no iba a poder vivir como se sentía. En ese instante tomó la decisión y se fue del hogar paterno. “Fue un lapsus de claridad. Por primera vez salía a plena luz del día usando corpiño y con el viento en la cara“. Hoy convertida en una exitosa actriz y a punto de sacar su primera colección de ropa, Libertad habla de cómo cambió la relación con su papá Carlos (62).

–¿Tu papá y vos pudieron perdonarse?

–Tanto ha pasado entre nosotros que hoy las palabras sobran: una mirada, un abrazo o que de repente, como durante el verano pasado, viaje unos días a Carlos Paz para jugar con sus nietos, vale más que cualquier recuerdo, análisis o reflexión. Se terminaron los reproches. Después de ser mamá entendí que muchas actitudes tienen que ver con el contexto. En definitiva, a ese hombre le tocó lidiar con una espantosa, e hizo lo que pudo sin contención ni información: cargaba una estructura mental primitiva, había quedado viudo a los veintipico, solo con dos hijos y, uno de ellos, “diferente”. De todos modos, no puedo ser mezquina. A papá (Carlos, 62) le debo la cultura del trabajo, el sentido de la disciplina que me hizo fuerte. Al  terminar el secundario fui cadete, promotora, manicura, asistente en un taller textil, y cosí vestidos de novia. Por eso, de no haber sido famosa, sé que hubiese sido exitosa en cualquier emprendimiento.

Tanto ha pasado entre nosotros que hoy las palabras sobran: una mirada, un abrazo o que de repente, como durante el verano pasado, viaje unos días a Carlos Paz para jugar con sus nietos, vale más que cualquier recuerdo, análisis o reflexión. Se terminaron los reproches

–¿Cuál fue su último gesto conmovedor?

–Cuando le contesté a Lanata, me dijo: Muy bien, hija; Ya era hora de que hablaras”.

–¿Cómo explicás su resistencia a aceptar tu identidad?

–Hace años que me agrede sistemáticamente…¡¿Cómo pudo, alguna vez, este machirulo, hacerme sentir tan mal?! La careta del periodista crítico, con una línea de pensamiento o ideología sólida se le cayó. Demostró que es un veleta total, que mira hacia donde le conviene. Hoy habla de mí, de Mirko (hijo de Marley) y visita a Woody Allen…¡De la noche a la mañana quiere ser Angel de Brito! Y no olvidemos que durante cuatro años atacó obsesivamente el gobierno de una mujer (por Cristina Kirchner). ¿Qué pasa con nosotras? A los hombres no se le para de pecho… En este ambiente aún hay precio para la libertad. Desde aquella primera vez, cuando una mujer me demandó porque llevaba su mismo nombre (Florencia De la Vega) y eso mancillaba su honor, jamás dejé de ser blanco de las agresiones de género. Fijate, hoy. Cualquiera que tenga una discusión conmigo, inmediatamente me trata de “él”. Y el INADI aún sigue sin atender estas cuestiones. Pareciese que los agravios por diversidad sexual no resultan tan urgentes como los de credo.

Por Sebastián Soldano

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