
EN EL DEPARTAMENTO CAPAYÁN
Un informe publicado por La Nación titulado “Cuatro pueblos solitarios y paradisíacos de la Argentina ideales para desconectar en estas vacaciones de invierno” destaca la belleza natural de la localidad catamarqueña de Los Ángeles, ubicada en el departamento Capayán.
Junto a Los Ángeles, el informe destaca a Lago Posadas, Santa Cruz; El Durazno, Córdoba; y Puerto Almanza, Tierra del Fuego.
“Una larga cuesta que amenaza con quebrar con la esperanza de llegar a destino es el esfuerzo que pide la naturaleza para entrar y asimilar la belleza de este pueblo mínimo enclavado en la montaña donde todas las señales del mundo moderno no entran”, relata La Nación.
“Una calle larga y angosta atraviesa todo el caserío; es la única calle. Viven menos de 400 habitantes. Largas hileras de árboles frondosos enmarcan esta vía por donde pasa toda la actividad, de un lado y del otro se presentan las casas, simples, coquetas y antiguas”, describe.
“El principal recurso económico es la nuez. Se pueden visitar las fincas de nogales y probar este fruto seco, que aquí se consumen a diario y de todas las formas. El pueblo está a 2400 metros sobre el nivel del mar. De aquella calle, tímidos, se ven callejones y senderos que conducen a bosques, praderas y campos con ciruelos, manzanos y perales. El río Los Ángeles refresca la tierra del pueblo, es el punto de encuentro”, señala.
“Se pueden hacer cabalgatas o pescar truchas”, dice Juana Noguera, licenciada en turismo de San Fernando del Valle de Catamarca, a La Nación.
“Los visitantes que llegan son amantes de una experiencia vivencial. Es una agenda básica la que ofrece Los Ángeles: caminar y detenerse a probar los productos locales. Dulces, distintas mermeladas, y nueces confitadas, manjares del terruño. Una hostería municipal, de campo, con un nombre particular, “Niquija”, ofrece alojamiento, también el menú típico: truchas, locro, humitas y empanadas”, indica.
“Por la noche, las estrellas parecen bajar hasta el pequeño y caprichoso conjunto de casas, las pocas luces aseguran una diafanidad completa. ‘Todas las actividades se pueden hacer al aire libre, es lo mejor para esta época’, cuenta (Natalia) Ponferrada. La plaza del pueblo, con su bellísima capilla, es el centro cívico. Para espíritus inquietos, ‘desde el pueblo se puede hacer ascensión a El Crestón, cerro del cordón serrano de Ambato de 2871 metros de altura’, concluye Noguera. La clave, es seguir el ritmo de las señales de la naturaleza y estar atento al mandato de las cocineras, que hacen magia en las ollas generosas y suculentas. Una cazuela de locro humeante, siempre espera en Los Ángeles”, concluye.
