Una decena de oenegés entregaron al gobierno español una petición para reforzar la protección ambiental de la Antártida prevista por el tratado de Madrid, que celebra sus 30 años este lunes.

Las aguas que rodean la Antártida “siguen abiertas a la pesca comercial, que se ha expandido en las últimas décadas y amenaza grandes franjas de ecosistemas vulnerables e importantes hábitats de vida silvestre”, alertó la Coalición para la Antártida y el Océano austral (ASOC) en un comunicado.

La petición -que ha sido firmada por “casi 1,5 millones de personas” y una decena de oenegés como ASOC, Avaaz o Blue Nature Alliance- tiene como reclamo principal la ampliación de las zonas donde está prohibida la pesca.

El documento le fue entregado el lunes al presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, durante una conferencia organizada en al capital española para conmemorar los 30 años del Protocolo de Madrid, que le otorgó a la Antártida el estatus de “reserva natural consagrada a la paz y la ciencia”.

El acuerdo, firmado el 4 de octubre de 1991, prohíbe toda explotación minera o petrolera durante 50 años, además de prever medidas para la protección de la fauna y la flora, el control del turismo, la prevención de la contaminación marina y la eliminación de deshechos.

“Actualmente, solo un 5% del océano antártico esta protegido, por lo tanto, establecer nuevas áreas marinas protegidas en sectores como la península antártica, el mar de Weddell y el este antártico es crucial”, indicó Sánchez en la conferencia.

El presidente del gobierno subrayó igualmente el “compromiso” de España y de los otros estados de la Unión Europea en defender el establecimiento de estas nuevas zonas protegidas en la reunión anual de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCAMLR), encargada de regular la pesca, que se celebrará en octubre.

La Antártida se encuentra igualmente bajo una importante amenaza por el calentamiento climático. El continente batió su récord de calor el 6 de febrero de 2020 con una temperatura de 18,3 grados Celsius, según confirmó la Organización Meteorológica Mundial en julio.

Varios estudios concluyeron que el derretimiento de los grandes glaciares del oeste de la Antártida, que contienen suficiente agua como para elevar varios metros los océanos, parece irreversible.

Su deshielo potencial es uno de los “puntos de ruptura” o “inflexión” identificados por los científicos capaces de modificar de forma sustancial el clima y convertir el calentamiento en un fenómeno irreversible.

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