martes, noviembre 30, 2021

Sinceramente

La verdad es que desde hace horas el cursor titila en la primera línea del .docEs martes, son las 18.25 y ya di de baja dos ideas. Una porque aún no tengo el asunto elaborado. Es más bien una sensación a la que no le han caído las palabras, entonces decidí ejercitar la prudencia y desistí. La otra idea se cayó entre ayer y hoy. Es un tema relevante para periodistas, investigadores, aficionados y curiosos, y requiere cierta producción de fuentes y chequeo de datos. Así que decidí ejercitar la prudencia profesional y también desistí. No me preocupan estas ideas caídas en desgracia porque, al final, lo que no está para hoy, estará para mañana.

En medio, escribí y borré, escribí y borré. Hay un síndrome llamado “temor a la página en blanco”. Investigo (bueno, está bien, googleo) y naufrago en un par de sitios de dudosa calidad científica que aparecen en menos de un segundo. A ver acá… Este dice “podríamos definir el síndrome como la incapacidad de generar nuevos contenidos” e inmediatamente arroja una lista de “causas”: falta de confianza, ansiedad, estrés, frustración, miedo al resultado. Los releo, tomo nota. Esto que me pasa no es ansiedad ni miedo al resultado, tampoco frustración. Falta de confianza y estrés, bueno, quién no, pero no ahora ni por eso. Tacho.

No me preocupan las ideas caídas en desgracia porque, al final, lo que no está para hoy, estará para mañana.

Ahora clickeo en triunfacontulibrocom (sí, esto existe) y leo: “Estás sentado frente al ordenador, miras fijamente la pantalla, está en blanco. El cursor parpadea sin parar de recordarte que tienes que escribir algo, empiezas a ponerte nervioso, resoplas y miras hacia otro lado de la habitación”. Pienso que podría ser yo en este momento. Después hay una serie de de “trucos para eliminar el bloqueo”. Intento. Mejor dicho: ensayo.

Sentada en mi silla rosa frente al escritorio amarillo el mate recién cebado entre el monitor de la computadora y yo (este es el ejercicio para “desbloquearme”, escribir lo que me viene a la mente) el termo al lado la lámpara encendida la pila de libros la gata ovillada haciendo su siesta eterna el televisor apagado un puñado de castañas de caju saladas (desbloqueo con enumeración) una pestaña abierta con poemas de Juana Bignozzi que hoy cumpliría años qué voy a cenar no saqué la basura me olvidé de pagar la luz no saqué el turno para la audiometría (desbloqueo con pendientes) privación frustración castración conforman la falta para Lacan (desbloqueo con la resaca del análisis).

El ejercicio resulta, el cursor se ha movido; pero no es un #GraciasPorVenir. Vuelvo a pensar. Periodismo pica pica bajada cordón: pirámide invertida, los muertos en la cabeza, datos, chequear tres veces… Cuando parece que no hay nada, aparece la técnica. La técnica te salva. Si no hay inspiración, hay técnica, por eso hay que entrenarla como un músculo. Suele decirse: “para escribir hay que leer”. Yo digo que, además, para escribir hay que escribir. Que para escribir hay que confiar. Y que para confiar hay que atender a la intuición. Y también que hay que aprender a decir “no”, “no sé”, “no puedo”.

Suele decirse: ‘para escribir hay que leer’. Yo digo que, además, para escribir hay que escribir.

¿Por qué hoy no tengo nada para decir, con o sin técnica? Porque a veces no hay nada para decir, porque ya se ha dicho tanto. Porque este no es el tiempo de la conversación, sino de la confirmación del punto de vista. Porque hay días para componer frente al teclado y otros para escuchar el unplugged de Shakira. Porque venimos de días de hablar, hablar y hablar, opinar y opinar, y escribir larguísimo. Porque hacer silencio equivale a ahorrar en oroPorque la contemplación es una habilidad difícil. Y por eso la practico, la deseo como hábito. Así que me di por vencida, dejé el escritorio y subí a la terraza. De pie en el día que cae, alguien ya había colgado una estrella en el pulmón de la noche.

VDM