SEÚL, 14 feb (Reuters) – Con los lentes de realidad virtual puestos, Jang Ji-sung estalla en lágrimas cuando su hija de 7 años, Na-yeon, aparece detrás de unas maderas apiladas en un parque del barrio, en el lugar donde solía jugar hasta que murió hace tres años por enfermedades relacionadas con la sangre.